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FABRICAR MAS ARTÍCULOS QUE AL TIRARLOS ALIMENTEN LA TIERRA



En el caso de las bolsas de plástico existen dos opciones: "Las bolsas biodegradables de verdad —como las hechas de fécula de patata—, o proporcionar otras más gruesas de materiales que puedan cumplir con más ciclos de reutilización que las actuales". Cada alternativa tiene sus pros y sus contras: las bolsas más resistentes, por ejemplo, "reducen el impacto ambiental al poder usarse más veces, pero fabricarlas, por contra, lo aumenta. Hay que analizar caso por caso, haciendo una evaluación rigurosa del contexto y del uso que tendrá cada opción para verificar si es sostenible o no".

Por ello concluye: "Para poder decir si una nueva alternativa es mejor que la anterior, hay que estudiar su ciclo de vida: cómo se fabrica —los recursos que precisa, materiales, agua, energía, etcétera—, cuántas veces se usa el artículo y en qué condiciones, y cómo se desecha (dónde termina). Cada opción hay que analizarla en su contexto real porque nos podemos llevar sorpresas".

El C2C lleva más de una década diseñando alternativas de packagingbiodegradables, que vuelven a la naturaleza en forma de abono. Pensemos en las pieles de las frutas y verduras: si se tiran al campo se vuelven humus fertilizando la tierra. Este tipo de plásticos alternativos de fuentes naturales biodegradables —maíz, fécula de patata, etcétera— se comportarían así evitando residuos.

"Se puede emplear para fabricarlos cualquier material natural realmente compostable y no bioacumulable (los que no se disuelven ni se degradan), obtenido a partir de biomasa renovable gestionada de manera adecuada y cuya producción no compita con la de alimentos".

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